Re-Actividad 6_El arquitecto como productor

La primera vez que realicé esta actividad (AQUÍ) ya empecé a plantearme cómo un arquitecto, desde el punto de vista de la producción, puede tener un rol más activo en su trabajo, más que de un mero espectador, es decir qué situaciones tienen que ocurrir para que sea considerado como tal. Yo ponía dos ejemplos en los que los arquitectos se mostraban como productores en dos vertientes:

  • Como parte importante en el “testeo” de su producción, trabajando con modelos a escala real en sus entornos profesionales y mediante el proceso del prueba-error que hace que la implicación sobre el diseño sea mayor y que el propio arquitecto pase de tener un papel más activo en contraposición al papel pasivo.
  • Como portador de valores relativos a la cultura y el patrimonio arquitectónico local con una visión más contemporánea fruto del estudio en contextos culturales ajenos, además de la visión multiescalar que aporta a los procesos de diseño teniendo en cuenta la materialidad, la tradición y la arquitectura.

De todo esto yo extraía finalmente una serie de ideas que se pueden resumir en tener una mirada crítica sobre lo que se proyecta, sobre todo si se considera patrimonio arquitectónico o sobre algo que ya está consolidado pero aportando una visión propia a través de las ideas contemporáneas a partir del bagaje que pueda tener el propio arquitecto, además de tener una implicación mayor durante todo el proceso. Ahora en esta segunda parte de la actividad y de cara a abordar mi Proyecto Fin de Carrera, si me pongo a pensar en qué situación yo mismo me vería retratado como productor y que tendría que pasar para que esto ocurriera sería sin duda una experiencia en la ruina.

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Me imagino poder llegar a visitar una ciudad abandonada, no como turista, sino como arquitecto y experto que va a explorar la propia ruina y a documentarla para llevar a cabo su intervención en ella. Me imagino recorriendo sus calles, sus edificios, sus espacios ocultos, descubriendo sus objetos, lo que se esconde detrás de cada muro, en cada esquina e imaginándome como era la vida allí, hace apenas 40 años. Todo esto influye de forma determinante en la visión que puedo llegar a tener de la ruina y es en ese momento al nutrirme de lo que me rodea, de experimentar cada espacio y vivirlo cuando de verdad me siento preparado para, conociendo el pasado y experimentando el presente, proyectar hacia el futuro.

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Además en esta experiencia no estoy solo, sino que cuento con otros expertos cuyo trabajo ayuda a redescubrir la ruina, aportando su mirada, su punto de vista a través de cada fotografía. Los conocidos exploradores urbanos no son meros turistas, sino que al igual que yo ven en la experiencia dentro de la propia ruina una experiencia para conocer y descubrir la arquitectura oculta. Una forma de cartografiar lo invisible y compartirlo con la sociedad, como por ejemplo hace Jordy Meow con las ruinas del Japón del siglo XX. Considero que desde este punto de vista, mi proyecto no solo puede interesar a este colectivo, sino que además ayuda a que su trabajo, a veces en un segundo plano salga a la luz y ponga de manifiesto que lo desconocido aún tiene mucho que contar y que la arquitectura no es una excepción.

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Como complemento adjunto este vídeo que me muestra a mi como productor en mis entornos más cercanos y que intentar reflejar como, a través de la experiencia en mis entornos locales y espacios cotidianos consigo adquirir la inspiración y las referencias necesarias para adentrarme en este nuevo proceso que es el PFC.

Re-Actividad 5_El kit del arquitecto

La primera vez que realicé esta actividad (AQUÍ), tras el taller en clase con Tomás Sánchez Criado ya me paré a reflexionar acerca de los formatos de trabajo y el equipamiento que necesitaba yo mismo como arquitecto en la investigación para la construcción de mi Proyecto Fin de Carrera. En aquel momento todavía estaba pensando acerca de lo que iba a estudiar, cómo lo iba hacer, las herramientas con las que quería trabajar y cómo me iba a organizar para llevar mi trabajo a buen puerto de cara a la Fase 1 del PFC (que cada vez está más cerca). A día de hoy, donde todas esas líneas que fui trazando se han ido redibujando en mi cabeza y considero que en estos meses he podido avanzar en todos estos factores que he comentado anteriormente.

Así pues, en cuanto a los objetos de estudio, las ideas iniciales ha ido cambiando y ya no interesa tanto para mi proyecto la materialidad como proceso o como conocimiento técnico aplicable a la intervención, sino como escenario de trabajo, como un telón de fondo donde se desarrolla el proyecto. Esas capas que conocíamos como estratigrafía arqueológica ya no forman parte del proceso, sino más bien como lienzo donde la ruina, lo abandonado, lo olvidado se encuentra con el presente y con los futuros posibles que podamos imaginar. Sigue interesándome, sobre todo, la tradición y los modos de vida que se desarrollaban en mi entorno de trabajo, y como poder implementarlos en una nueva ciudad híbrida con una mirada más actual, pero sin perder de vista el pasado, principalmente las actividades que se desarrollaban y como la arquitectura o la tipología formaban parte de esos procesos. En cuanto a las escalas de trabajo me sigue interesando lo vinculado al ámbito urbano y paisajístico ya que considero que mi intervención no puede ceñirse a únicamente un espacio, sino que deber crecer y nutrirse de los entornos próximos (idea de territorio) en busca de un nuevo modelo de ciudad.

Los procedimientos ya no pasan por una experiencia propia en la ruina para conocer los entornos de trabajo ni de compartir dicha experiencia con personas expertas en la materia. Esta fase en la que entro de lleno en un entorno sociotécnico cercano y que ya he recorrido me ha dado una idea muy potente de las sensaciones y los motivos por los cuáles los exploradores urbanos se embarcan en este tipo de experiencias, en los cuáles la ruina y la arquitectura adquieren una nueva dimensión y la adrenalina de ir explorando poco a poco sin saber que vas a encontrarte es la principal motivación. A pesar de ello, creo que ahora debo usar esa experiencia a la hora de proyectar, pasar a la acción con mi PFC y entrar de lleno a plasmar e intervenir con mis ideas en mi ámbito de trabajo desde la propia arquitectura. En ese sentido, las investigaciones que pueda hacer tienen que ver con estilos de vida, las tipologías arquitectónicas y todo aquello que me ayude a conocer un poco más dónde voy a proyectar para extraer una serie de conclusiones o parámetros que terminen por convertirse en “criterios de intervención“.

Pasando a describir las herramientas a utilizar (que tiene que ver con el equipamiento o kit), desde mi punto de vista yo considero que todo arquitecto debería elegir aquellos elementos que tengan que ver con sus intereses o con su trabajo. Con respecto a la primera vez, el trabajo en mi proyecto me ha hecho darme cuenta de otras herramientas que no pude tener en cuenta y que ahora mismo considero también imprescindibles:

  • Las cartografías digitales y el trabajo con sistemas de información geográfica como método y base para indagar en ámbitos de trabajo lejanos y desconocidos como contraposición a los entornos locales, con la información que éstos aportan, y además como herramienta de representación.
  • Las redes sociales, como fruto de una experiencia previa, que pueden servir como un aporte de información, como una nueva mirada que responde a la percepción que tienes los propios usuarios de la ruina y lo abandonado, a través de lo que comparten y que puede ser algo fundamental en zonas que no se conocen a través de la experiencia propia.
  • La propia arquitectura, la tipología sobre la que intervenir, la distribución, el programa, el año en que se construyó, la superficie… son factores que influyen de forma determinante en una intervención sobre elementos ya consolidados.

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Desde el punto de vista de la documentación me sigue interesando principalmente todo lo vinculado a los entornos de trabajo, similares a los del proyecto real que me puede ayudar a conocer un poco más acerca de los materiales y procesos de diseño y constructivos tradicionales también me puede dar pistas de como se comportan y como incluirlos en el proyecto desde una perspectiva más actual de la arquitectura y que papel pueden tener dentro de la intervención.

Por último, de cara a establecer un itinerario básico a seguir para organizarme personalmente durante el desarrollo del PFC en función de las ideas que tengo actualmente sobre formatos de trabajo y entrega, he realizado un calendario, donde se atisba a ver un inicio de como va a ser el camino, aunque durante el proceso podrá verse modificado.

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Re-Actividad 4_Construcción de narrativas

La primera vez que realicé esta actividad (AQUÍ) mi investigación acerca de la temática de mi Proyecto Final de Carrera estaba vinculada a conocer un poco más acerca de los modos de vida y las tradiciones intrínsecas que formaban parte del día a día de la población de la isla abandonada de Hashima. En este caso el tema atravesaba todos aquellos espacios relacionados con la vida pública (calles, espacios comunitarios, mercado, colegio, hospital, trabajo, etc.) y con la vida privada (principalmente lo doméstico), todo ello como una narrativa que explicaba de forma temporal como eran las formas de vida que se desarrollaban diariamente, así como los valores identitarios que se establecían tanto a nivel social, cultural o arquitectónico.

Ahora, a modo de encarar mi Proyecto Fin de Carrera, esta narrativa ya no mira hacia el pasado, sino al presente con una perspectiva de futuro. Basándome en la técnica del collage/fotomontaje he intentado hacer un repaso de todos aquellos espacios (en este caso urbanos) que son atravesados por la temática de mi PFC, la regeneración de la ruina, tratando todos aquellos aspectos a nivel multiescalar que van desde el propio territorio de la isla, el espacio público, la vivienda y los objetos que suponen una nueva capa sobre la propia arquitectura. La idea es intervenir a través de una ciudad híbrida entre la ruina y lo proyectado, donde la ruina es el escenario de diversas situaciones que ponen de manifiesto los modos de vida tradicionales que se desarrollaban en ella. Así pues, los espacios abandonados vuelven a cobrar vida, la vida que un día tuvieron pero dejando claro que el espacio no es un espacio cualquiera, sino que es ruina y que por tanto, refleja aquellas situaciones que un día se generaron entre sus paredes. Al trabajar a nivel urbano no solo nos centramos en un espacio doméstico, sino también en aquellos que formaban parte de la vida pública como pueden ser los baños, los huertos urbanos, las calles, el mercado, etc.

Pero no solo los espacios existentes pueden ser intervenidos o modificados para permitir esta nueva relación usuario-ruina, sino que también algunos hallazgos inesperados son objeto de proyecto. Así el paso del tiempo ha transformado los espacios de forma completamente inusual para dar cabida a una serie de nuevas situaciones alejadas del uso habitual que se les daba a esos espacios. Las referencias con las que jugaba se desmaterializan ahora para darles mi propia visión, adaptándolas a mi proyecto para entender que a lo mejor no interesa tanto una ciudad vertical u horizontal separada de lo existente, sino que el proyecto debe incidir de lleno en la ruina, evitando la visión meláncolica y romántica que se le da habitualmente y haciéndola partícipe y protagonista de la nueva vida urbana que se ve a generar y que va a permitir la exploración por parte de los turistas que se acercan cada año para redescubrir lo que un día fue la isla de Hashima y como se vivía en ella, a modo de valorar su patrimonio. Trabajando con la arquitectura a distintos niveles tengo claro que mi intervención va a ser un reflejo claro de quién soy y quién quiero ser yo como arquitecto actualmente y en el futuro, y así, igual que mi proyecto mira hacia el pasado para proyectar en el presente, yo me miro a mi mismo y me ayudo de lo que he aprendido en estos años para intervenir con mi Proyecto Fin de Carrera.

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Re-Actividad 3_La luz de la ruina

La primera vez que realicé esta actividad (AQUÍ) la pieza de Curro Claret ya me ayudó a conectar con otras personas o agentes propios de un entorno sociotécnico similar al de mi Proyecto Fin de Carrera, el entorno de la ruina y lo abandonado. En este caso como pieza de mobiliario decidí optar por una lámpara de mesa en lugar de por un taburete ya que me parecía un objeto más útil en entornos de trabajo como la ruina moderna o edificios abandonados que suelen ser ambientes más oscuros y es necesario muchas veces iluminación artificial como linternas o cascos con luz para explorarlos, como ya descubrí durante mis primeras indagaciones en la red acerca del haikyo. Además mis conversaciones con Julia Sarabia, doctora en Historia y Arqueología, a la vez que montábamos la pieza juntos, me ayudaron a conocer una serie de conceptos muy relacionados con el tema de mi trabajo como la estratigrafía arqueológica, además de poder experimentar de primera mano un ejemplo de ciudad abandonada vinculada a la producción y extracción de recursos como es el caso de la Colonia de Santa Eulalia, visitando alguno de sus edificios más característicos.

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A la hora de rehacer esta actividad me planteé la idea de que era para mi el diseño y me di cuenta que de forma insconsciente, en la primera pieza ya había establecido unas líneas básicas de lo que significa o lo que yo entiendo por este concepto. Con la lámpara estaba, por un lado, planteando una solución a través del diseño que respondía a las necesidades de unos entornos de trabajo concretos en los que me muevo con mi Proyecto Fin de Carrera y, por otro, no estaba perdiendo la calidad de lo que se diseña, con una estética simple, cuidada en la materialización y con reminiscencias de la arquitectura y el diseño japonés como la pantalla de madera con celosía evocando a un farol. Así pues también me interesaba como insertar la pieza de mobiliario dentro de mi entorno en función de la escala a la que estaba trabajando y en este caso considero que el diseño puede servir tanto a escala doméstica como a una escala urbana. Iluminar un espacio o iluminar una calle no difieren en tanto que al final la función última del objeto sea permitir ver en la oscuridad, dando luz a aquello que no lo tiene.

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En definitiva, para mi un buen diseño ya no es solo aquel que cumple la función para el que ha sido proyectado, sino que tiene que saber transmitir un mensaje, impactar sobre el usuario y sobre todo mantener una esencia y una identidad subjetiva como resultado del trabajo de su autor/diseñador/arquitecto, sin perder de vista la calidad de lo que se diseña y respondiendo en cierto modo al entorno donde se inserta y a la función que tiene que cumplir. Esta definición puede ser perfectamente transescalar y sirve tanto para un objeto como es el caso de esta pieza de mobiliario como para un edificio a través del diseño arquitectónico, como para una ciudad a través del diseño urbano. Independientemente de esto, en el Proyecto Fin de Carrera, lo proyectado, lo intervenido, podrá ser evaluado en función de estos parámetros y en el cual, al final, no solo se podrá detectar lo diseñado, sino también la experiencia e identidad del propio autor volcado sobre el diseño.

Re-Actividad 2_El tema sobre la mesa

La primera vez que realicé esta actividad (AQUÍ) intenté implementar en un único relatograma a modo de collage todas las ideas que, tanto mis compañeros como yo teníamos acerca de mi trabajo. En el desarrollo se podían ver reflejadas cuatro ideas principales: la materialidad de la ruina, las estrategias de la ruina, la ecología de la ruina y compartir la ruina a través de trabajar en entornos y con personas que entiendan del tema con los que poder debatir y compartir las experiencias propias a través de las redes sociales con el mundo. En este caso las ideas han ido evolucionando durante el desarrollo del curso y finalmente en el relatograma inferior se pueden ver todos los agentes que intervienen o han intervenido conforme lo explicado en el resto de actividades y que están estrechamente relacionadas con la ida de una ciudad híbrida que implemente los modos de vida tradicionales con una visión más actual.

RELATOGRAMA FINAL

Podemos detectar como el espacio público y comunitario cobra una gran importancia en contraposición a la domesticidad y que sigue estando presente la idea de que la experiencia de la ruina puede ser compartida a través de las redes sociales para aportar una visión más subjetiva al resto de la sociedad de como esta es percibida. Desde los medios de producción, el comercio y las formas de autoabastecimiento, a la vida urbana y las formas de relación que existían entre los habitantes de la isla, todo en conjunto suponen las ideas de partida con las que trabajar en mi Proyecto Fin de Carrera y que implica trabajar sobre la ciudad consolidada tradicional entendiendo la ruina como protagonista y como lienzo donde se pueden desarrollar las actividades que arriba se muestran, además de otras nuevas.

Re-Actividad 1_Yo, arquitecto

La primera vez que realicé esta actividad (AQUÍ) fue el primer ejercicio del curso y, además, la primera entrada de este blog. En ella llevé a cabo un intento primigenio de retrospección e introspección para saber qué arquitecto era, y en qué arquitecto me quería convertir con este proceso. Con el desarrollo del curso he ido averiguando qué parte de mi bagaje me va a servir más en relación a mi visión de mi futuro profesional a largo plazo y a mis intereses y motivaciones personales volcadas en el desarrollo de mi Proyecto Fin de Carrera. Por eso, analizando mi Portfolio inicial y el trabajo desarrollado durante los últimos cinco años de carrera, me dado cuenta que hay proyectos que no había tenido en cuenta, pero que sin embargo se relacionan de forma directa con mi proyecto y con mi forma de entender y ver la arquitectura y el urbanismo en la actualidad. A continuación, dejo el enlace al Portfolio modificado en el que he reflejado aquellos proyectos que tienen que ver con:

  • El proyecto arquitectónico en relación al entorno, el medioambiente, el territorio, la cultura local y la sociedad.
  • El proyecto urbano y masterplan a nivel paisajístico y territorial en entornos locales.
  • La intervención a nivel urbano, relacionado con el ocio y el turismo a través de nuevas infraestructuras que se conectan con el paisaje y con la trama urbana.
  • La intervención en patrimonio arquitectónico local, con propuestas de nuevo uso en relación a la tipología, pero manteniendo la esencia del edificio original.
  • La intervención en espacio público en relación con el turismo y los procesos de regeneración urbana.

ACCESO A PORTFOLIO VERSION 2

Materia: entre la tradición y la innovación

Volviendo de nuevo a la parte de investigación programada para esta semana he indagado un poco más acerca de los materiales empleados en las edificaciones de la isla de Hashima y las tipologías edificatorias más relevantes. Podemos establecer que los cambios tecnológicos en cuanto a la edificación y los materiales que Japón estaba experimentando en esa época se vieron reflejados en los sistemas constructivos empleados en las viviendas y demás edificios de la ciudad. La madera, como ya vimos en entradas anteriores, uno de los materiales más tradicionales de la cultura nipona, quedó relegada a un segundo plano siendo solamente utilizada en algunos edificios de poca altura, como material auxiliar en elementos estructurales concretos y en el templo, como fruto del arraigo a las costumbres del país.

La inmensa mayoría de edificios estaban realizados con estructura de hormigón armado, sistema importado de Occidente que supuso un cambio notable en la forma de hacer arquitectura en aquellos tiempos. Con el primer edificio de viviendas de hormigón de toda la isla (e incluso de Japón como algunas fuentes indican) levantado en 1916 comenzó un proceso iterativo de construcción que se extendería a lo largo de los años, y en el que cada edificio pretendía mejorar al anterior en cuanto a la técnica y los conocimientos empleados. El hormigón armado permitió suplir las necesidades de la población creciente, con edificios más altos en un área reducida debido a los problemas de superficie que existían, además de permitir luces más grandes con unas distribuciones más amplias, gracias también a la incorporación de sistemas mediante pilotes. Además, las cimentaciones de hormigón eran más óptimas en el terreno de roca sobre el que se edificaba dotando de estabilidad a toda la estructura portante de los bloques, al igual que muchos de los edificios del área de extracción que también estaban realizados con estas estructuras desde el inicio.

El acero también fue un material utilizado dentro del ámbito residencial y dotacional en casos singulares como en la estructura del teatro Showa-kan o para ampliaciones en algunas cubiertas de edificios existentes de hormigón, pero su uso no estaba aún tan extendido como actualmente. Únicamente se había estado usando para las grandes estructuras del área industrial de la isla, como torres, grúas, etc. y en definitiva dentro del campo de la ingeniería.

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Plano de materialidad por estructura – Álvaro Bernabeu©

Dentro de las edificaciones de la isla, podemos establecer una serie de rasgos comunes que caracterizan el modo de vivir de la población. En primer lugar, es relevante la distribución interior de las viviendas, que se corresponde con la típica japonesa, pero reducida a una única estancia con el recibidor y la zona estar en un nivel inferior, suelo de tarima y un pequeño espacio de almacenamiento. El tamaño dependía de la cantidad de personas que vivieran en su interior pudiendo llegar a tener hasta dos estancias, así pues, se establecía una jerarquía en función de si los trabajadores eran solteros, estaban casados y si además tenían hijos. Los baños, lavanderías y, salvo casos aislados, las cocinas eran comunitarias y se disponían en todas las plantas, hecho que reforzaba el carácter vecinal que existía en este tipo de edificios, al igual que pasaba con los pasillos exteriores que también se concebían como espacios de interacción más allá de las propias viviendas/dormitorio.

Otro factor que comparten la mayoría de edificaciones es la conexión directa de la mayor parte de sus plantas con el nivel de calle. Esto se hacía posible gracias a la propia topografía que permitía que para un mismo edificio se pudiera acceder a distintas alturas, ya que había calles, escaleras o pasarelas que lo rodeaban en cualquiera de sus orientaciones. Gran parte de los edificios también adoptaron la solución de cubierta transitable para aprovechar al máximo el espacio exterior, lo que en definitiva propició una ciudad estratificada con diferentes usos en cada nivel, pero bien conectada en cuanto a sus accesos y la relación entre ellos. Por último, es destacable la presencia de sótano y semisótanos en los que principalmente se desarrollaban actividades como el comercio o se situaban los baños públicos.

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Diagrama de alturas, tipologías y estructura de cada edificio de la isla – Álvaro Bernabeu©